Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, A

Nos hace bien encontrarnos con personas que cumplen su palabra y nos ayudan sin esperar nada a cambio. En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a vivir así: con una fe que se reconozca en nuestra manera de tratar a los demás. Sus palabras sobre quienes «dicen, pero no hacen» nos animan a revisar con sinceridad nuestra vida: lo que exigimos a otros, las cargas que añadimos y nuestra necesidad de reconocimiento. Todos necesitamos aprender a amar con más humildad. Jesús nos recuerda que tenemos un mismo Padre y que somos hermanos; por eso, cada responsabilidad que recibimos es una oportunidad para servir. En casa, en el trabajo y en la comunidad podemos comenzar con gestos sencillos: cumplir una promesa, reconocer un error, escuchar con atención o ayudar a quien está desbordado. Así vamos dejando que el Evangelio transforme nuestra vida desde dentro. Pidamos al Señor que nos ayude a convertir nuestras palabras en obras y nos regale un corazón dispuesto a cuidar. Hoy podemos hacer más fácil la vida de alguien: ahí tenemos una hermosa manera de mostrar el amor de Dios.







