Domingo XXX del Tiempo Ordinario, A

En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que lo más importante de nuestra fe se resume en una palabra: AMAR. Amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a nosotros mismos. Parece sencillo, pero ¡cuánto nos cuesta a veces llevarlo a la vida! Porque amar no consiste solo en decir palabras bonitas o tener buenos sentimientos. Amar es estar cerca de quien nos necesita, escuchar sin prisas, perdonar aunque duela, tender la mano sin esperar nada a cambio. Y es precisamente en esos pequeños gestos cotidianos donde nuestro amor a Dios se hace visible. No podemos separar el amor a Dios del amor a los demás, porque cada persona es alguien a quien Dios ama. Quizá hoy Jesús nos invita a hacernos una pregunta: ¿se nota, en mi manera de tratar a los demás, que creo en un Dios que es amor? Porque, al final, la fe no se demuestra solo con lo que decimos, sino también con la manera en que amamos.






