Todos los Santos

En este día de Todos los Santos, las bienaventuranzas nos acercan al corazón de Jesús y nos muestran un camino de felicidad que podemos recorrer cada día: confiar en Dios, vivir con un corazón limpio, tener misericordia, buscar la justicia y sembrar paz. Jesús llama dichosos también a quienes lloran y a quienes sufren por hacer el bien, porque Dios conoce sus heridas y les promete consuelo y vida. Estas palabras pueden sostenernos cuando estamos cansados, cuando nos cuesta perdonar o cuando sentimos que nuestro esfuerzo pasa inadvertido. Hoy celebramos a quienes ya gozan de la presencia de Dios: santos conocidos y muchas personas anónimas que, sostenidas por su gracia, aprendieron a amar en medio de sus dificultades. Su vida nos recuerda que también nosotros estamos llamados a la santidad. Ese camino comienza en situaciones muy concretas: escuchar con paciencia, acompañar a quien está solo, pedir perdón, compartir lo que tenemos o defender a quien recibe un trato injusto. Dejemos que Jesús transforme nuestro corazón y nos enseñe a vivir sus bienaventuranzas. Hoy, alguien puede descubrir un poco del amor de Dios a través de nosotros.






